Introducción

En 2025, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) reportó una recaudación récord: entre enero y octubre, los ingresos tributarios alcanzaron los 4.495 billones de pesos, con un crecimiento real de 6.1% respecto al año anterior.

Este resultado, unido a las expectativas del gobierno de fortalecer la recaudación y aumentar supervisión, configura un ambiente de presión fiscal creciente: más auditorías, mayor escrutinio de operaciones, ajustes normativos, recargos más severos por mora y un menor margen para errores contables o de cumplimiento.

Tanto empresas como personas físicas deben prepararse: el panorama exige una estrategia proactiva de cumplimiento, control documental y planeación fiscal cuidadosa. Este artículo analiza los motivos del endurecimiento fiscal, los principales riesgos para contribuyentes y las mejores prácticas para anticiparse.

¿Por qué hay mayor presión fiscal en este momento?

1. Recaudación récord sin necesidad de nuevos impuestos

Aunque no se han aprobado impuestos adicionales en 2025, la recaudación del SAT alcanzó niveles históricos.
Este incremento se debe a una combinación de mayor cumplimiento voluntario, revisión masiva de obligaciones y, sobre todo, fortalecimiento de los mecanismos de fiscalización.

2. Intensificación de auditorías, especialmente a grandes contribuyentes

El programa de fiscalización del SAT ha centrado esfuerzos en grandes empresas, sectores de alto riesgo y operaciones con posibles “precios de transferencia” o simulación. Entre 2019-2024, la recaudación derivada de auditorías a trasnacionales creció 267%.
En 2025, la fiscalización a grandes contribuyentes ya muestra incrementos relevantes: lo que implica que la vigilancia no se limita a micro o pequeñas empresas, sino también a corporativos.

3. Cambios normativos y aumento de recargos por mora

De cara a 2026, se vislumbran ajustes que incrementan los recargos por pagos tardíos: según recientes reportes, los adeudos fiscales podrán enfrentar un recargo 40 % mayor que en 2025.
Esto reduce la tolerancia del fisco a incumplimientos, y obliga a contribuyentes a mantener disciplina estricta de pago.

4. Expectativas de cumplimiento y uso de nuevas herramientas de control

El SAT reitera su estrategia de “cobranza inteligente”: cruce de información, fiscalización electrónica, seguimiento intensivo a operaciones y monitoreo de grandes contribuyentes.
Este contexto aumenta el riesgo para quienes no mantengan sus obligaciones al día, y exige mayor sofisticación en controles internos.

Riesgos concretos para contribuyentes — lo que debe tener presente

  • Auditorías más frecuentes: especialmente si su empresa opera en sectores controlados, tiene un volumen alto de facturas o participa en operaciones internacionales.
  • Ajustes fiscales retroactivos: el SAT puede revisar ejercicios anteriores, requerir diferencias, rechazar deducciones o imponer recargos.
  • Costos financieros elevados por mora: los recargos por pago tardío serán más onerosos, por lo que una mala planeación de flujo de caja podría generar sobrecostos.
  • Contingencias legales y operativas: en caso de irregularidades, multas, intereses y sanciones podrán afectar la operatividad y reputación.
  • Necesidad de controles internos y compliance robustos: las empresas con deficiencias en documentación, controles débiles o procesos informales están más expuestas.

Buenas prácticas para blindar su cumplimiento fiscal

Para adaptarse al nuevo entorno fiscal, estas son las prácticas recomendadas:

  1. Revisar y actualizar su contabilidad y registros — asegurar que facturas, contratos, pagos, ingresos y deducciones estén debidamente documentados.
  2. Auditorías internas periódicas — no esperar a que el SAT detecte; automonitorear riesgos, inconsistencias, operaciones con terceros, cuentas por cobrar, etc.
  3. Cumplimiento puntual de obligaciones — presentar declaraciones y pagos en tiempo; evitar moras que se traducen en recargos más altos.
  4. Planeación fiscal estratégica — ante posibles incrementos en tasas, impuestos o recargos, evaluar escenarios futuros, optimizar deducciones y definir políticas internas.
  5. Transparencia y cumplimiento en operaciones — mantener un perfil fiscal limpio, evitar prácticas agresivas de optimización que puedan interesar al SAT, priorizar debida diligencia de proveedores y operaciones.
  6. Asesoría profesional continua — contar con expertos que monitoreen cambios normativos, evalúen riesgos estructurales y definan estrategias preventivas.

Conclusión: el nuevo entorno exige disciplina, estrategia y previsión

El récord de recaudación del SAT y la intensificación de su fiscalización no son casuales: forman parte de una estrategia estructural para cerrar espacios de evasión y aprovechar al máximo la base de contribuyentes.

Para las empresas y personas físicas, esto significa menor margen para errores, mayor costo de incumplimiento, pero también una oportunidad de ordenar su operación, reforzar procesos internos y adquirir una ventaja competitiva mediante cumplimiento riguroso.

Adoptar una cultura de compliance, controles sólidos y planeación fiscal no es opcional — es esencial para operar con certidumbre en 2026.